Etiqueta: educación

  • La niña y la mosca

    —No tengas miedo.— Le dijo, la todavía más insignificante mosca a la pequeña niña. Y le dijo que no tuviera miedo, que fuera valiente y que dejara emanar su sed de venganza, por una única razón. En realidad era la mosca la que sentía terror de que la niña encontrará el camino de su humanidad, que en aquel momento era el reconocimiento de su vulnerabilidad. Aquello era lo único que ya le quedaba a la niña para entender la tristeza y el horror de las otras. Ese era su verdadero poder, esa era la clave de su verdadera valentía. La mosca lo sabía muy bien, acostumbrada a volar entre excrementos, era muy capaz de hacer que la putrefacción se expandiera por las almas humanas.


    Conocía muy bien sus herramientas y altavoces. Pero la niña, no era muy dada a dejarse amedrentar. Todavía no conocía la mentira del orgullo o de la patria, sus ficciones eran ficciones reales y no falsas ficciones, y eso, la mosca no lo sabía. Por ello insistía, una y otra vez, como buena mosca puñetera que era. No podía comprender la razón de su fracaso con aquella niña, pero la mirada de las moscas es siempre literal, y la niña no entendía el significado literal del mundo. Todavía navegaba en la verdad de la ficción y no de la mentira.

    Pero no creáis que la mosca iba a rendirse ante su evidente fracaso, o que sería capaz de entender la verdadera naturaleza humana que emanaba del alma de aquella niña impermeable a los restos de su basura. No está en la naturaleza de la mosca hacer otra cosa que no sea aquella. A diferencia del ser humano, le está vetado el libre albedrío.

    Aquel libre albedrío que le permitía modificar las voluntades de la mayoría de los humanos, pero no el de aquella niña. Lo que la mosca tampoco sabía era que, en sus escasas horas de vida, solamente había podido conocer y manipular a un limitado número de seres humanos, quizá más perezosos, como para pensar por sí mismos. En ese instante, la mosca dejó de percibir el mundo. La niña se levantó, se sacudió la mano y miró al universo con esperanza, a pesar de saber que las moscas siempre estarían allí.

    Resistencias éticas y derechos humanos. Libro

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    Fragmento de texto introductorio del capítulo del libro: Alonso-Sanz, A., Ramon, R., Vidagañ, M., Vidagañ, F. Y Martí, E. (2023). Educación en derechos humanos a través de la creación de audiovisuales. Análisis de la experiencia “Derechos Animados” en Mesías Lema, J.M., Regina Silvia, C. y Dacuña Vázquez, I. Resistencias éticas y derechos humanos. Aula Magna.

  • Reflexiones sobre las propuestas de mejora para la profesión docente. Aspectos vinculados a la educación artística

    El Ministerio de Educación ha presentado un documento de propuestas de mejora para la profesión docente, que está en proceso de discusión y análisis a través de los decanos de las Facultades de Educación. Se ha abierto un período de debate y consulta para que los profesionales que ejercemos en estos centros podamos hacer aportaciones al documento.

    Como muchos otros colegas de otros ámbitos y especialidades, he revisado el documento, con poco tiempo por delante debido a que el proceso para aportar se cierra en unas horas, centrándome en especial en los aspectos que afectan al ámbito de la educación artística y el papel de las artes, la cultura y la creatividad y el pensamiento imaginativo en este proceso. Eso sí, desconfiando por completo de que eso sirva para algo más que para que yo mismo me permita reflexionar sobre el asunto y siendo consciente del escaso recorrido que esto tendrá, dado que mi opinión es solo una insignificante voz entre muchas otras, seguramente más autorizadas, al menos institucionalmente autorizadas.

    La primera cuestión que surge es la voluntad de incorporar una prueba de acceso a las carreras o grados que ejercitan para la profesión docente. Esto parece estar guiado por la buena voluntad de filtrar a ese alumnado que, según los criterios establecidos, no da la talla para estos menesteres. Quizá ese ejercicio de filtrado se debería trasladar al bachillerato, dado que es una enseñanza voluntaria orientada precisamente al acceso a la educación universitaria. La propuesta presupone que el resto de estudiantes que van a otros estudios universitarios no necesitan demostrar un dominio de “competencia comunicativa y el razonamiento crítico” que incluye “la comprensión de documentos escritos, de la capacidad de sintetizar la información, de la expresión escrita y de la capacidad del estudiante para aplicar el pensamiento científico-técnico y los conocimientos del ámbito social para tomar decisiones con iniciativa.” Tampoco parece importar la falta de “competencia lógico-matemática” en otro alumnado no interesado por la docencia, “que evalúa la capacidad de aplicar conocimientos matemáticos para resolver ejercicios y problemas, y la capacidad de analizar los resultados.”

    Es decir, me parece una mala solución, dado que ya existe una supuesta prueba para ello, la PAU. Creo que sería más sensato repensar el bachillerato y darle una mayor flexibilidad y reformular la PAU en los términos que se plantean y en función del tipo de estudios que se quieran cursar. Es decir, prueba de acceso a profesiones y estudios para todos; esa sería mi opción.

    Por otro lado, resulta insultante y vergonzoso que en la sociedad visual en la que vivimos, donde la realidad es básicamente construida a través de las imágenes, ni siquiera se plantee incluir en esa supuesta prueba, el valor de los conocimientos que tengan que ver con la imprescindible alfabetización visual. Sin entrar en determinadas competencias artísticas y vinculadas al pensamiento sensible, mucho más útiles y necesarias, o al menos al mismo nivel, que algunas de las reseñadas, de cara al ejercicio de la práctica docente.

    Me parece más loable el punto centrado en el desarrollo profesional docente y sus carencias actuales y especialmente la idea que subyace, pero a la que le falta concreción, y seguramente partidas presupuestarias, de trabajo colaborativo y en equipo. Casi una utopía dentro de los equipos docentes que queda a merced de iniciativas personales, buena voluntad y afinidades electivas y simpatías personales. Personalmente, me atrae mucho la idea de poder colaborar y trabajar a la vez y en la misma aula con colegas de otras especialidades para producir conocimiento integral y simultáneo. Pero esta es una cuestión más metodológica y filosófica que normativa, aunque se necesita una normativa y una reformulación total para poder llevarla a cabo más allá de esa buena voluntad de los docentes que participan en estas acciones, perdiendo dinero.

    No es mi intención valorar las 24 propuestas de reforma planteadas, solo hacer una breve reflexión compartida en voz alta. Ya he expresado mis reservas sobre algunas de ellas y las dudas que otras me generan. Por ejemplo en la propuesta 5, me parece especialmente positiva la idea de “fomentar la implicación de profesores de enseñanza no universitaria en el mundo académico universitario, así como el traslado del desarrollo científico elaborado en las facultades de Educación a la enseñanza no universitaria.” También estoy de acuerdo con la reformulación de los planes de estudio de las titulaciones universitarias habilitantes para la docencia, donde hay carencias muy graves. Especialmente en el ámbito de la interdisciplinariedad y la presencia de formas de conocimiento esenciales, como, por ejemplo, las artes y las prácticas culturales, superando el discurso unidireccional impuesto por las narrativas capitalistas y el materialismo científico más docto y neodarwinista.

    Me sumo sin fisuras a la idea de reformar las prácticas, pero para ello se debe partir de una colaboración estrecha e intensa en las facultades de educación y los centros de enseñanzas de infantil, primaria, secundaria y formación profesional y artística, estableciendo mecanismos permanentes y fluidos de intercambio y colaboración. También me sumo a la idea de insistir y garantizar la formación permanente del profesorado, para lo cual la implicación de la universidad debería ser total. Abandonamos a nuestro alumnado una vez finalizado el máster y la carrera y las universidades deberían articular esos planes de formación permanente e incluirlos en la propia carga docente y obligaciones de los PDI.

    También estoy de acuerdo en los puntos que hacen referencia al acceso al ejercicio docente, las famosas oposiciones, que deben ser completamente repensadas de arriba a abajo y que es evidente que no garantizan la calidad de la enseñanza, cuando vemos docentes recién incorporados, que olvidan toda su formación y experiencias innovadoras y ejercen teniendo como modelos a sus profesores de hace treinta años y sus formas, que ejercen más peso en la profesión docente de muchos que todos los años de estudio, lecturas e investigaciones universitarias.

    Sí que es necesario revisar las especialidades docentes. Estoy muy a favor de la presencia de especialistas, cosa que algunas especialidades docentes, como la educación artística, todavía no tienen en primaria. Pero eso no implica trabajar aisladamente dentro de nuestro micromundo. Esa relación debe obligatoriamente implicar una integración de nuestro trabajo con el del resto en un sistema de conocimiento integral y holístico y no parcelado, donde los especialistas trabajan en conjunto para tejer redes y conexiones de conocimiento, no para crear más parcelación.

    Por último, respecto a las medidas del desarrollo profesional docente, siempre que no se conviertan en una mera meta burocrática que dictamine el único camino a seguir posible para obtenerlo, será positivo. Es decir, se debe reconocer y premiar la labor docente de los profesionales, pero en un marco flexible que no limite y delimite el camino a seguir de forma dogmática, y en ningún caso la solicitud de estos beneficios debe implicar una nueva carga burocrática, como pasa, por ejemplo, con los sexenios de investigación, donde el propio investigador debe perder semanas de trabajo en localizar y justificar el trabajo realizado, cosa que debería estar asumida por personal administrativo dedicado a estas tareas, contratado a tal efecto evidentemente, sin que suponga nuevas cargas de trabajo para el PAS.

    En resumen, se valora la buena voluntad de los cambios, pero con la lógica desconfianza de un pasado terrible en gestión de política educativa que arrastramos, vinculada a intereses partidistas y que de momento hacen que lo veamos con gran escepticismo. Me quedan muchas cosas por comentar, pero el tiempo, el espacio y las ganas son limitadas, así como la paciencia del posible lector. Esperaremos sin perder la esperanza.

  • El diseño como construcción del pensamiento, entre la cultura visual y la educación

    Una de las píldoras audiovisuales del proyecto Second Round del grupo CREARI de la Universitat de València, dedicada a El diseño como construcción del pensamiento, entre la cultura visual y la educación.

  • La aportación de una enseñanza creativa y artística en estado de alerta

    Estos días estamos asistiendo a una histórica situación sin precedentes de suspensión global de todos los sistemas educativos presenciales, en todos los niveles. Esto ha supuesto una oportunidad para poner a prueba, dicen algunas mentes preclaras, la educación no presencial, a distancia, virtual, etc. En esta situación de crisis, es cierto que he tomado la decisión de no hablar ni opinar de aquello de lo que no soy especialista, evitando la sobresaturación de expertos epidemiólogos y gestores de lo público de sofá. A ello le podemos sumar los miles de robots pagados por la ultraderecha difundiendo bulos y con el objetivo de destruir el país, cosa que debería investigarse en profundidad, o la inexplicable presencia del ejército y del lenguaje bélico en una crisis de salud, que deviene en una crisis social y económica, ciertamente.

    Pero más allá de eso, de lo que sí puedo hablar es de la educación, ya que me gano la vida ejerciendo como docente de futuros docentes en la Universidad. La docencia y su ejercicio están ahora mismo en estado de excepción, de alarma como el resto, y como a muchas otras ramas profesionales se nos ha pedido que teletrabajemos. Todo el cuerpo docente se ha tomado esta premisa muy en serio y ha intentado hacer todo aquello que está en su mano para no dejar a su alumnado desamparado en esta situación tan extraordinaria. Y finalmente se ha puesto a prueba, y se ha demostrado, que las tan aclamadas TICS, de las que sin duda soy un defensor, son simplemente lo que muchos hemos defendido siempre. Un complemento a la educación real, que solo puede ser sensible y que para ser sensible requiere del contacto directo entre seres humanos. Entre alumnado y entre profesorado y alumnado.

    Una educación a distancia no es educación, **es un sustituto paliativo de una pequeñísima parte de lo que supone el hecho y la experiencia educativa**, que tiene mucho menos que ver con contenidos que con experiencias. Sin duda, esta experiencia que estamos viviendo conjuntamente será muy educativa, pero no lo serán tanto los contenidos que una gran parte del alumnado está trabajando de manera exclusiva en sus casas. Pero cuando desaparece la experiencia del intercambio humano, lo que queda no es educación, por mucho que se empeñen en llamarla así. Quedan tareas descontextualizadas, queda la visibilización de la brecha de género, la de la brecha económica, de la brecha sociocultural, pero más allá de ello, queda la inutilidad de muchas tareas, que en la enseñanza obligatoria se diluyen en la marea de lo que realmente es importante y no lo es, para una formación integral, para construir seres humanos libres. La educación a distancia es siempre un sustituto paliativo de la educación real, y no negaré que puede ser provechosa en determinadas circunstancias, por supuesto, dentro de una situación de “normalidad”.

    Creo que sería mucho más productivo para todos, y además sería una lección de historia insuperable, que no pretendamos seguir impartiendo los mismos contenidos que teníamos previstos, que en el caso de la enseñanza obligatoria, especialmente primaria y secundaria, deben ser profundamente revisados, más incluso después de esto, como si estuviéramos en el aula, mandando ejercicios y actividades del libro descontextualizadas tanto del entorno como de la situación.

    Mi propuesta se basa en ofrecer acciones de aprendizaje activa y consciente, asociadas a la verdadera situación que estamos viviendo. Estamos en casa; tengamos la casa, el hogar como base para la propuesta de acciones de aprendizaje. En esto, como siempre, la educación artística, las artes, juegan un papel vital para su desarrollo. Propuestas de investigación del entorno, del propio hogar, de la familia en todos sus modelos. Que esto sirva para aprender sobre lo realmente importante en esta situación. Si el alumnado difícilmente les encuentra sentido a unas cuantas actividades que se plantean muchas veces en el aula, ahora mucho menos.

    La idea de trabajar por proyectos donde todos los docentes caminan al unísono en UN SOLO proyecto a desarrollar en casa para todas las materias no es nada descabellado. Olvidémonos de los contenidos por un tiempo, o mejor incorporemos esos contenidos de forma activa y creativa en acciones particulares que permitan buscar respuestas creativas a la situación que estamos viviendo. Geografía del hogar, historia del hogar, cartografía del hogar, matemática del hogar, literatura del hogar… y, por supuesto, todo bajo el tamiz de la creatividad artística como base.

    Por ejemplo, un libro de artista como base para ir sumando esas experiencias, sentimientos canalizados, positivos y negativos, aprendizajes de cómo vivir en esa situación, etc. Construir foto-ensayos o foto-collages, que permitan describir con imágenes lo que están viviendo y experimentando en su nueva vida cotidiana, pequeñas video historias que pueden hacer mientras juegan, juegos cooperativos en línea que les permitan trabajar en equipo y no sentirse tan solos en la tarea, relatos y propuestas imaginativas para el día después… Sí, por supuesto, ellos pueden hacer y pensar sus pequeñas aportaciones utópicas, o tal vez no tanto, que les permiten hacerse partícipes y protagonistas de la situación y de la solución, que no es algo ajeno a ellos y ellas. Un material que quedaría para la historia vital de cada uno de esos niños y niñas, sería, profundamente, más enriquecedor y útil que los cientos de multiplicaciones, conjugaciones verbales o láminas de dibujo sin sentido que les podamos mandar, por no hablar de los famosos “fill in the gaps”. Y sí, puede parecer mucho trabajo para un docente saturado y con cargas familiares en esta situación compleja, cierto, pero no debe ser más del que mucho docente se carga con la adaptación de una enseñanza tradicional a estas circunstancias. De hecho, sería un trabajo mucho más flexible y respetuoso hacia el propio docente también.

    Hagamos de esto una verdadera oportunidad para aprender algo realmente nuevo. Hay muchas formas para hacerlo y muchos profesionales están trabajando muy bien en ese sentido. Partamos de que nuestra nota mínima tiene que ser un aprobado o un notable incluso, si es que nos obligan a evaluar; ya es suficiente con vivir esta situación. Tengamos el arte y la creatividad como aliados máximos en esta pandemia, ya que necesitamos muchas soluciones creativas, imaginativas y arriesgadas para encontrar alternativas a esta forma de vida que ya hemos extinguido, porque si recuperamos la normalidad anterior, volvemos abocados a otro tipo de desastres mucho más destructores, si cabe, como la implacable crisis climática.

    De esto debemos aprender muchas otras cosas además. Sin duda, entre ellas, la importancia de lo público, de lo común. Pero cuidado, que ese exceso de lo común no nos lleve a interpretar lo común como lo uniforme. Lo común es lo que garantiza la diversidad, lo diferente que cada ser humano tiene, pero que no deja de venir del mismo sitio. Del fondo de pensamiento universal que nos define y nos constituye como una sola cosa, en conexión directa con el resto. Defensa, por tanto, de una enseñanza pública de calidad y de una visión humanista, social, libre y radicalmente democrática.

    Pero además, esta crisis nos ha hecho ver que **necesitamos pensadores, filósofos, creadores y artistas que nos dibujen el camino de creación de un nuevo mundo que necesitamos**, porque sabemos lo que no queremos, pero todavía no tenemos una alternativa construida sobre el mundo que nos gustaría tener, y eso sí es un problema muy grave.

  • El ser humano y la práctica artística

    Uno de los aspectos que siempre he considerado muy importantes a la hora de analizar el papel que ejercen, ejercemos los profesionales de la educación artística en nuestro trabajo docente en el aula, se centra en el hecho de partir, en primer lugar, de cuál es el concepto de arte que tiene nuestro alumnado, futuros docentes, especialistas o no en educación artística, y aquellos que ya ejercen profesionalmente como profesores en distintos niveles. Y, en segundo lugar, aunque mucho más importante todavía, que concepción filosófica del ser humano tienen, tenemos, ya que ambos aspectos resultan esenciales y condicionan por completo la orientación metodológica y la práctica docente, y tienen, por tanto, consecuencias en el alumnado, en las personas con las que los docentes desarrollamos nuestra práctica profesional.

    Inevitablemente, el texto escrito, el conocimiento en general, nos obliga a generalizaciones y sistematizaciones que son siempre limitadoras, es algo que forma parte del juego discursivo del pensamiento, lo que no significa que no podamos articular reflexiones complejas sobre los problemas que nos ocupan. Sin pretender caer, por tanto, en simplificaciones excesivas, y teniendo siempre el foco puesto en la educación, nos enfrentamos a dos concepciones sobre la naturaleza del ser humano, por supuesto hay muchas más y miles de matizaciones posibles, pero hablamos siempre respecto a las consecuencias que esto conlleva de forma clara en las prácticas educativas.

    Una primera concepción, muy extendida, que tiene su origen en el pensamiento ilustrado del siglo XVIII, especialmente a partir de Jean Jaques Rosseau, es aquella que entiende al ser humano como una hoja en blanco, una esponja vacía dispuesta a absorber todo aquello con lo que entra en contacto, o una caja vacía que hay que llenar de conocimiento y sabiduría. También existe la versión más contemporánea de esto que compara al ser humano con el disco duro de un ordenador que hay que ir llenando de información. Esta concepción del ser humano cree que, al nacer, niños y niñas están vacíos de contenido y que, por tanto, la labor de la educación es llenar de contenidos importantes estos espacios vacíos.

    Indudablemente, y más allá de la simplificación con la que estoy trabajando, de cara a que resulte lo más sugerente posible a la hora de forzar un debate intelectual posterior y personal de cada lector, esta concepción lleva implicada también de forma asociada, una visión muy concreta de la educación y del papel del educador. Una visión, que habitualmente suele coincidir con la que tiene la mayoría de la clase política sobre el sistema educativo y que condiciona gran parte de las políticas públicas, y privadas, en educación. Una visión que exagera y sobredimensiona la posible influencia que los docentes pueden tener a nivel ideológico, que es la casi única preocupación de la clase política en este punto, que cree que la educación en general sirve para crear futuros votantes y no futuros seres humanos libres, hablando siempre, claro está, de sociedades con regímenes políticos democráticos.

    Afortunadamente, los que nos dedicamos a la educación sabemos que nada está más lejos de la realidad que esto, que las ideologías, la mayor parte de las veces no se construyen de forma consciente por las personas que las practican, que cuando la ideología se construye de forma consciente, tiende siempre hacía la diseminación, la matización, la complejidad y la contingencia. Que la ideología ya no se construye en las escuelas en un mundo tan complejo como el nuestro, y que hay tantos, y tantos factores y agentes activos en este proceso, que es absurdo pensar que la escuela, por sí sola, puede cambiar alguna cosa de manera tan radical y profunda, sin tener en cuenta el resto de los ámbitos en los que el ser humano aprende, se comunica y construye su biografía. Si eso fuera tan cierto, todos los niños y niñas que estudian en centros católicos serían fervientes católicos, los niños y niñas que estudiaron bajo regímenes fascistas o totalitarios comulgarían de forma incuestionable con la ideología fascista y todos los niños y niñas educados en escuelas basadas en el fomento de los valores democráticos, el respeto y la tolerancia, sería sin duda grandes demócratas con una ética intachable. Como sabemos, esto no funciona así ni resulta tan sencillo.

    No quiero decir ni mucho menos, que no crea en el poder transformador de la escuela, por supuesto que creo en ello, y de hecho lo defiendo de forma fehaciente, pero ese poder transformador de la escuela ha de estar focalizado en aspectos menos simplificadores y mucho más complejos, como la creación de experiencias educativas, vinculadas a lo que yo llamo: experiencias biográficas trascendentes, en el sentido de transformadoras del propio recorrido biográfico de los discentes, a través de la activación de su propia voluntad consciente derivada de una activación real y libre de su pensamiento. Y en esto, las artes, constituyen un instrumento predilecto en la generación de esta clase de pensamientos complejos, teniendo en cuenta que, si alguna cosa son las artes, es precisamente una actividad exclusiva y esencialmente humana.

    La escuela es un engranaje más de un sistema de relaciones humanas muy, muy complejo, y tratar de convertir la escuela en un espacio de difusión ideológica unilateralmente, es desperdiciar una oportunidad para dotar a la escuela de un papel mucho más relevante e importante que rellenar espacios vacíos de información, conocimientos intrascendentes, o plantearse que los alumnos son solo futuros profesionales que deben ser preparados para el mercado laboral. Olvidando que son personas y que los valores y los derechos humanos han de marcar y guiar siempre toda práctica educativa.

    Experiencias en torno a la información, experiencias productoras de conocimiento, experiencias creadoras de nueva ideología y nuevos pensamientos, porque el mundo que ha de venir está todavía por construir, por inventar, por crear, porque lo viejo no puede ser un obstáculo que cierre puertas a una nueva visión de un ser humano integral, justo, ético, equilibrado con su entorno, etc. Ciertamente es un tema complejo, ya que nos encontramos en un período de transición, no de consolidación, donde predomina la búsqueda de nuevos caminos frente a unas certezas anteriores que ya hace tiempo se presentan agotadas, pero se resisten a desaparecer, probablemente por la falta de una o unas alternativas suficientemente sólidas todavía como para ir elaborando una sustitución gradual y constante, articulada a partir de una nueva estructura mental del ser humano que viene.

    Entiendo, por tanto, que el ser humano es un ser complejo, y que lejos de tener respuestas certeras a las grandes preguntas del relato universal que compartimos, entender al ser humano con una carga emocional, con unas características definidas y una identidad personal que está presente ya desde el nacimiento, y que se va desarrollando y fortaleciendo durante la vida en función de sus propias contingencias vitales, de su entorno y su biografía, nos induce a un concepto y unas prácticas educativas muy diferentes de aquellas que solo pretenden llenar de contenidos, información y sabiduría a esos seres humanos, sin ni siquiera poner en tela de juicio esos mismos contenidos y su procedencia, a quién o qué legitiman y por qué.

    Nuestra aportación como educadores a través de las artes es también contribuir, desde las artes, a ese proceso de nueva construcción humana, que, por otro lado, siempre es permanente e inestable, pero que atraviesa momentos históricos de cierta estabilidad conceptual, seguridad y certezas. Esas aparentes certezas que se cristalizan en las ideologías y sus partidarios como poseedores de la verdad frente a los demás. El momento presente está cargado de inseguridades y repleto de búsquedas, a la vez que las ideologías extremas afloran en su intento de sobrevivir conceptualmente en su verdad y sus miedos ocultos a hacerse preguntas y abrir interrogantes que pueden hacer florecer lo nuevo. Las artes, como creadores de interrogantes, posibilitadoras de nuevos mundos aún por descubrir, son las armas del pensamiento más potentes para elaborar nuevos discursos y concepciones sobre el ser humano del futuro.

    © Ricard Ramon. 2018.
    Fragmento de texto extraído de:
    Ramon, R. (2018). Derivas de la enseñanza del arte. Reivindicando la construcción filosófica de la educación artística. En J. P. Queiroz & R. Oliveira (Eds.), Os Riscos da Arte: Formação e Mediação (pp. 83-91). Universidade de Lisboa.