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  • La necesaria reivindicación de los circuitos locales y pequeños del arte

    Hoy abordo una pequeña reflexión sobre la necesidad de reivindicar los circuitos artísticos pequeños y locales, como una vía de trabajo natural de la educación artística y de las artes, para un verdadero desarrollo cultural accesible.

    La situación actual, no solo en el mundo del arte, sino también en todas las prácticas culturales, prioriza el éxito de unos pocos artistas escogidos por grupos de críticos y comisarios con poder mediático y apoyos institucionales, públicos o privados. Determinados artistas se han convertido en gurús de la creación y, sobre todo, en inversiones económicamente muy rentables destinadas a prestigiar la imagen de algunas instituciones o personas privilegiadas de amplio poder adquisitivo. Sin duda, el reconocimiento de algunos de esos trabajos es justificado en función de su calidad; eso no lo niego.

    No obstante, mi posición crítica, profundamente antielitista, me convierte en un descreído de todo este sistema de intereses y juegos legítimos, pero criticables y con alternativas posibles. Frente al arte de grandes eventos, yo propongo que es hora de revalorizar el trabajo de toda una legión de hombres y mujeres artistas anónimas, por poco conocidos en el universo mediático institucional, y de aquellos que ni tan solo se consideran artistas.

    Artistas que producen obra muy interesante a precios asequibles, y sobre todo razonables, que nos permiten tener acceso a obra de calidad y que están fuera de los grandes circuitos recurriendo a modestas galerías o buscando espacios y salas de centros culturales en los que exponer su obra. Creo que se debería reforzar el desarrollo y la consolidación de estos circuitos alternativos y no desdeñar la importancia que juegan estas salas, en ocasiones carentes de gestión, y siempre carentes de presupuesto, para el desarrollo y las posibilidades de estos artistas y del desarrollo cultural comunitario, en general. Pero no hay que desdeñar otro aspecto fundamental de estas salas, como eje vertebrador de la cultura local, demasiadas veces mal planteada y conducida y con enormes posibilidades educativas muy desaprovechadas.

    Estas salas se convierten muchas veces en espacios de exhibición de artistas amateurs y aficionados locales, que, por desgracia, la mayor parte de las veces, orientan su trabajo hacia la imitación de modelos culturales del arte de élite, dejando pasar la oportunidad de un desarrollo cultural propio y alternativo al de las altas esferas culturales, que resultaría mucho más enriquecedor.

    Sin duda, estas salas, son un instrumento por explotar por parte de la educación artística, que tiene en este público una oportunidad para orientarles en el desarrollo de culturas propias, que deben ser revalorizadas, evitando así el papel de puro reflejo social por pura imitación del arte consagrado.

  • Antonio Cortina Farinós

    Ramon Camps, R., López Villar, L., y Buil, E. (2003). Antonio Cortina y Farinós (1841-1890) Aproximación a su biografía artística. En Antonio Cortina y Farinós (pp. 13-21). Diputación de Valencia.

    Ramon Camps, R., y López Villar, L. (2003). La obra de Antonio Cortina y Farinós. En Antonio Cortina y Farinós (pp. 23-33). Diputación de Valencia.

    Del 14 de marzo al 15 de abril de 2003, permaneció abierta al público la exposición alrededor de la obra y la figura del Pintor Antonio Cortina y Farinós, organizada y gestionada por mí mismo y el también historiador del arte y Master en Gestión Cultural Luis López Villar, trabajando codo a codo y formando el equipo técnico de la exposición. Junto a nosotros trabajó también en primera línea el Comisario Científico de la exposición Joan Carles Gomis Corell, profesor de la Universitat de València y amigo, y llevando de manera muy profesional la coordinación técnica de la Red de Museos el técnico José V. Aguilar, al cual agradecemos profundamente su colaboración e interés por el proyecto. 

    Además, también colaboraron Eva Buil Albertus y Pablo Cisneros en trabajos de documentación y redacción de textos, e Ignasi Gironés en la restauración de las obras. La exposición se llevó a término en la sala de exposiciones del Centro Cultural de Almàssera y resultó todo un éxito de público, y en cuanto a los resultados planteados en los objetivos del proyecto. El proyecto original redactado por Luis López y Ricard Ramon, planteaba la idea de una exposición que había de ir más allá, desarrollando ámbitos como una investigación profunda de la vida y obra del pintor, un planteamiento coherente y realista de la exposición para, finalmente, abordar la ejecución de la muestra. Así, desde un primer momento se plantearon unos objetivos que fueron los siguientes: Dar a conocer la obra de Antonio Cortina en su localidad natal y recuperar su memoria histórica. Recuperar la obra de este autor y contribuir a su restauración y localización. Contribuir al fomento de la cultura local enlazando esta exposición con la Bienal de Pintura Manuel Leonor celebrada también en Almàssera. Recuperar para la historiografía artística y la investigación estética del siglo XIX la figura de este pintor.

    Tras más de un año de exhaustiva investigación que nos llevó a desplazarnos a varios lugares de España, localizamos un gran número de obras inéditas hasta ahora, su mayor parte en colecciones particulares, lo que nos permitió diseñar un proyecto expositivo basado en el descubrimiento de los recursos pictóricos menos conocidos del autor, que iban del intimismo hasta el retrato oficial, la caricatura, la pintura alegórica y decorativa, la pintura de género, etc. La exposición fue inaugurada el 14 de marzo de 2003, con la asistencia de un muy numeroso público, y las visitas, durante todo el periodo en el cual estuvo abierta, fueron masivas, recibiéndose incluso muchos visitantes de fuera de la localidad. Esta exposición, además, sirvió para que se impulsaran las investigaciones alrededor del autor, que poco a poco va saliendo de la inmerecida sombra dentro de la cual había sido oculto durante tanto tiempo. 
El resultado de los trabajos se publicó por la Diputación de Valencia en el 2003.